


Edgardo Rolando Segobia habla en modo belicho, con las “eses” bien marcadas. De trato amistoso y muy correcto. Todos lo conocen como Roly.


¿Cómo fue su niñez?
Nació y creció en la montaña, en un puesto llamado “Aspay”, en el norte de Belén, en Villa Vil. De niño ayudaba a su madre y a su abuela con el cuidado del ganado. También hilaba y tejía, porque eso era la moneda de cambio: los ponchos, chales y pullos eran intercambiados en el pueblo por mercadería.
Hizo la primaria en una escuelita de montaña que aún resguarda a unos pocos niños: la escuelita de Huasi Ciénaga. Después, para hacer el EGB, tuvo que venirse a Villa Vil; y para terminar el secundario y el terciario, tuvo que irse a la ciudad de Belén, cabecera departamental.
Él nunca quiso irse de su pago. Aunque su deseo era ser profesor de Educación Física y las condiciones económicas de su hogar no se lo permitieron, estudió la tecnicatura en Turismo en el IES de Belén. Allí tuvo contacto con una agrupación belenista de montaña, porque nunca dejó atrás su amor por los cerros. Caminar por ellos era algo familiar para él, y luego la vida lo llevó a poner en valor las montañas de su Villa Vil y alrededores.
El después tuvo la oportunidad de viajar a recorrer el país y salir al exterior, pero no cambia la tranquilidad de su pueblo.
¿Cómo comienza la historia?
De niño, cuando pasaba con su familia y miraba esa formación de colores tan particular, preguntaba cómo se llamaba. Como no tenían respuestas para darle, le decían: “Dejá de joder, chango”. Era una zona muy conocida por los lugareños, pero un tesoro por descubrir para la gente de afuera.
De ahí el lugar es bautizado por Roly como los “Los Castillos de Villa Vil”
Hizo un trabajo de hormiga, porque no había senderos de llegada a la formación de roca arenisca. Él y otro compañero comenzaron a armar circuitos de aproximación. Los lugareños y hasta sus propios familiares dudaban del proyecto. “¿Para qué vas a hacer eso?, si no va a venir nadie…” le decían. Pero ante esos comentarios, eligió seguir trabajando. Con el tiempo, su compañero dejó la actividad y Roly quedó solo. Había un razonamiento lógico detrás: decían que, por las condiciones de los caminos, si la gente no iba a Villa Vil, menos llegarían hasta ahí. Pero también se pelea contra los imposibles cuando se trata de sueños.
Ahí comenzó una segunda etapa. Se imprimieron fotos del lugar y empezaron a mostrarlas a quienes elegían Villa Vil como destino o a aquellos que estaban de paso hacia lugares más concurridos, como Laguna Blanca o Antofagasta de la Sierra.
En el año 2017, Roly era Secretario de Turismo de la Municipalidad de Villa Vil y logró hacer el primer video con un dron y cámaras de alta definición, y estas imágenes se hicieron viral por YouTube. El boom llegó después de la pandemia: la gente quería montaña. Así fue como todo ese año recibieron turistas todos los días.
Hoy la historia es otra: catorce guías capacitados por él, trabajan activamente. El desarrollo local de este destino impulsa la economía de la zona a través de los alojamientos, la gastronomía y las artesanías, ya que siempre se consume local, inyectando dinero fresco a la localidad.
Hace tres años, el lugar fue declarado reserva natural municipal mediante ordenanza, lo que significó una gran noticia para la actividad.
Aunque en este último tiempo disminuyeron las visitas, él cree que se debe a la falta de una promoción real del lugar a través de los organismos oficiales gubernamentales dedicados al turismo.
¿Qué otras actividades pensó Roly?
El Salto de Cristal también fue bautizado por Roly; es una linda caminata hacia una cascada y en verano, cuando bajan las crecientes, se pueden recorrer las Siete Cascadas, un circuito de 4 kilómetros.
También se puede hacer remo en la Laguna Escondida; es un paseo en gomón que se realiza durante todo el año, solo que en invierno por el frío, se descansa y se espera a septiembre para volver a recibir visitantes.
Y como broche de oro, Roly ofrece una caminata de 5 horas a unas termas en estado natural llamadas “Los Baños Grandes”. La propuesta incluye una noche de acampe, porque son 11 kilómetros de ida y 11 de vuelta y debido a la inmersión en agua caliente. No se recomienda regresar en el día.
Y la propuesta para este fin de semana largo del 15 y 16 de agosto, es el trail, una carrera por los Castillos que ya cuenta con una linda aceptación por parte de deportistas, para recorrer estos bellos paisajes.
Gracias, Roly Segobia por compartirnos una parte de tu vida.
Éxitos este fin de semana con el trail y que muchos turistas visiten tus tierras.
¡Y que el Valle Calchaquí conozca tus sueños!
Por Noelia Ayala


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