CONFUNDIENDO AMOR CON GRIPE
El amor tiene más adeptos que el dolor; al dolor uno no termina de acostumbrarse. El amor, más allá de lo vincular, es una energía de construcción, de ternura y una fuente de fe.
La gripe es de lo que más se enferma la gente en invierno, aunque sucede todo el año. Sus síntomas son dolores musculares intensos, fiebre alta, dolor de cabeza y ganas de estar totalmente en cama para que alguien nos cuide y apapache. ¿Y qué tienen en común la gripe y el amor? El escritor colombiano Gabriel García Márquez, en su novela El amor en los tiempos del cólera, también confundió los síntomas del cólera con el estar enamorado; la historia principal de ese amor tuvo que esperar 51 años, 9 meses y 4 días, para concretarse. ¿Existe aún ese anhelo por alguien? Cuando tenemos la inmediatez de los dos tildes de WhatsApp.
Gabriel Rolón, el famoso psicólogo, dice que no hay que ser estratégicos en el amor vincular. Sin embargo, en el Valle, como en otros lugares, se escuchan comentarios como "qué tiene ella para darme" o "qué tiene él para ofrecer", como si fueran negocios por hacer y los sentimientos se fueran a pagar. Se observan, además, cada vez menos vínculos reales. Hay una cierta desilusión en el olfato de una generación y creo, además, que las mujeres buscan una cosa y los hombres otra, desdibujados en sus roles. Todavía hay muchas cosas con las que deben lidiar y no saben cómo, después de que las mujeres de estas nuevas generaciones tuvieran más contacto con su poder.
A esta columna la escribí escuchando canciones de amor. Hay dos temas sonando con mucha intensidad en mi vida. Uno es Wish You Were Here de Pink Floyd, que habla de la extrañeza de poder distinguir entre el cielo y el infierno, y de la idea de que somos almas perdidas nadando año tras año. Fue escrita para un amigo que ya no era el mismo y termina con un doloroso “ojalá estuvieras aquí”. Es la nostalgia de esa persona que cambió; solo nos queda su ausencia. La otra canción, más invernal, es Canción del pinar, donde uno de sus versos dice: “quiero dejar todas mis palomas en el cedro de tu alma y todo el beso en tus pies”. Es la letra del cantautor argentino Jorge Fandermole, una oda poética a la entrega, al amor profundo y al crecer juntos.
Cuando le conté a un amigo que iba a escribir sobre el amor, me dijo: "¡Qué manera de escribir cagadas!". Lo cual es mitad cierto, pero el amor vence la desidia de pensar que el amor es una cagada y que escribir sobre él es perder el tiempo. Porque, aunque él no lo dimensione, cuando vuelve a casa y ve a su hija crecer, la vibración del amor lo toca, aunque con la mujer con la que lleva varios años eso ya no pase.
Hace poco recibí un regalo telefónico que es muy actual; es como cuando antes te escribían una carta para decirte que te extrañaban. Me pareció un gesto de mucha ternura y, aunque en el fondo no sabía qué cara poner —como cuando te cantan el feliz cumpleaños—, hay una gran verdad detrás de esa incomodidad. Es la sensación de que ante el amor se te bajan las barreras y aparece la vulnerabilidad. Nos quedamos sin escudos delante de la torta donde nos están diciendo "te queremos", y que con una videollamada se demuestra también que no hay distancias si se quiere abrazar. A los que nos dicen que no les gusta festejar su cumpleaños, lo que deberíamos hacer es decirles: "Te quiero y me alegra que estés en mi vida".
Una colega y amiga trabajadora social me contaba una experiencia de su trabajo en una institución con niños judicializados. Decidieron festejar el cumpleaños número trece del más revoltoso de los chicos y, ante el momento de la torta y el canto, el niño rompió en un llanto desconsolado porque nunca le habían festejado un cumpleaños.
Otra amiga me contó que, después de dieciocho años, una expareja de la juventud le había escrito para pedirle perdón y decirle que había sido importante para él. Ya pasó una vida entre ambos. Yo renegué y le dije: "¿Lo mandaste a la mierda? ¿Cómo pueden pasar 18 años para que alguien reconsidere tu importancia en su vida?". Ella, ya con una realidad distinta, me dijo: "Yo estoy en paz". Yo una vez también lo hice: pedí perdón por lastimar y, aunque el daño ya estaba hecho, al menos reconozco que no tuve corazón y no volvería a hacerlo. En el amor nadie sale ileso. Y, como con la gripe, el cuerpo genera nuevas defensas. Nos sentimos más fuertes después de salir de una, aunque “la nueva” gripe nos sorprenderá de la misma manera, con otro nombre y tal vez más potente que la última vez que nos dejó en cama.
El amor y la gripe nos ponen en palpitación. Como otra amiga, que creía que se había enamorado en la Puna porque cuando estaba cerca del muchacho que le gustaba el corazón le latía muy fuerte y después, cuando vio fotos, se dio cuenta de que no era amor: eran los más de 5 mil metros sobre el nivel del mar. Es como la alergia, que no sabemos bien qué la activa, pero en definitiva no es amor.
Hay otra forma de amor muy especial: el que se siente por un hijo o por los hijos. Ese amor que transforma y te dota de una terrible fortaleza que hace que pienses que vas a poder con todo, te sostiene, te muestra tus errores, te empuja y te salva. Con ellos sentís una especie de gripe permanente porque siempre estás a cargo: te curás un poco y volvés a caer. Comienza con el "que coma solito", después el miedo a que camine y se golpee, el miedo a que le pase algo, la escuela, la adolescencia, el que se vaya... y cuando pensás que estás curado, llega un: "Mamá, me divorcié".
Hace poco fue noticia una pareja de deportistas extremos, dos escaladores que subieron ilegalmente a la aguja del Empire State en Nueva York. Colgaron una pancarta que decía: “Cuando el poder del amor venza al amor por el poder, el mundo conocerá la paz”. Aunque después fueron arrestados, la hazaña culminó cuando, a más de 440 metros de altura, él le pidió matrimonio.
José “Pepe” Mujica decía que la mayor aventura de la vida es el amor, y que no vengamos con cosas raras, que el amor y los hijos, y el tiempo que le dedicamos era más importante que lo que podíamos comprarles. Tener tiempo para los amigos también era importante, es decir “es necesario un culto a los afectos”. Porque somos seres profundamente afectivos.
En estos contextos de incertidumbre y de falta de oportunidades, lo que nos sostiene es el amor en todas sus versiones, incluido el de un país que elige creer que podemos ser campeones otra vez, a pesar de todo. La fiebre del fútbol, que es amor y no gripe.
A pesar del dolor o de lo malo que nos pueda estar pasando, hay que recordar que “hoy no es siempre” y que habrá alguien que quiera sostener nuestra mano, que nos dé un abrazo cercano o a la distancia. Y a los que sienten que el amor les jugó una mala pasada, recuerden que la fiesta era de ustedes. Como dice Josefina Soria: "Me quedo con el amor porque era mío".
El amor supera una gripe o varias y un invierno o varios inviernos, mantiene nuestro fuego encendido de vida y no hay comparación…
Noelia Ayala
@escritoradelvalle