Rejuvenecer Activamente

Sociedad 05 de abril de 2019 Por
“El CIIC es como un hijo que me está cobijando”.
TALLER DE CANTO

Semana tras semana, en el exitoso programa “Rejuvenecer Activamente” suceden historias conmovedoras, que van a quedar inscritas en el corazón de cada uno. Más de 200 abuelos colman las instalaciones esta semana.

Cada lunes, desde muy temprano, los colectivos, combis y autos particulares colman los estacionamientos del CIIC, porque los adultos mayores de 60 años llegan a pasar una semana de alegrías inolvidables. Desde que el gobierno que conduce Lucia Corpacci lanzó el programa “Rejuvenecer Activamente”, la convocatoria de abuelos que eligen las emblemáticas instalaciones para pasar una semana de diversión totalmente gratis creció de manera impensada. Esta semana más de 200 abuelos de Belén, Fray Mamerto Esquiú, Santa María y diferentes centros de jubilados de capital colman las instalaciones que funcionan bajo la órbita del Ministerio de Desarrollo Social, cartera conducida por Eduardo Menecier.

Puertas adentro, la casa de los abuelos desborda de alegría y risas, así como también nacen amores insospechados. En las galerías se arman las mateadas, y con el pretexto del mate, conocidos y desconocidos entablan charlas. Así fue que, en una mateada de pasillo, el belicho Rodolfo Gerardo de Jesús Cuestas Herrera recordó que “gracias al CIIC coseché esta flor”, dijo con sonrisa amplia que se notaba debajo de su bigote color de la nieve y la mirada cristalina presentando a su esposa, Paula catalina Contreras. “El CIIC fue un proyecto que conocí desde cero, con Don Álvarez Saavedra, lo vi nacer y para mí el CIIC es un hijo, como un hijo que me está cobijando. No es la cuestión ver un montón de ladrillos y cemento, sino ver lo que tiene de proyección para la vida del ser humano, porque esto cobija a muchos viejos como yo que se merecen por lo menos tener la dignidad de pasar una semana sin hacer nada y que nos estén sirviendo, para mí eso es el CIIC la proyección de vida de un joven viejo, y es el futuro que me queda a la par de la mujer que tengo”, dijo embargado de emoción sin quitarle la mirada a ella, su flor cosechada del CIIC.

Historias impensadas

Por el CIIC pasaron tantos abuelos como historias personales, muchas de las cuales se desconocen después de su partida, cada viernes. Pero la historia de Rodolfo y Paula conmueve a todo el que la conoce. Hace cuatro años atrás, cuando el CIIC lanzaba por primera vez el programa destinado a los más grandes de la casa, Rodolfo decidió salir de su Belén natal con toda su tristeza a cuestas pues había enviudado. Por su parte, Paula, que también era de Belén, pero no “La vida no es lo que uno espera, la conocí a Paula aquí en el CIIC la primera vez que vine, en Belén nos seguimos viendo, nos pusimos de novios y a los 9 meses nos casamos, ella me quiso remendar el agujerito que me dejo la vida y lo está consiguiendo. Estoy muy feliz”, dijo casi con lágrimas en los ojos. Rodolfo tenía 74 y Paula 68 cuando se casaron. “El amor puede aparecer en cualquier etapa de la vida, el asunto es congeniar, y muchas veces eso no sucede, pero entre nosotros congeniamos en todo, primero en las cosas de la casa y después en todo lo demás, agregó Paula para darle un respiro a su esposo. “Yo me casé de vieja, y es la primera vez que me caso. El CIIC es nuestra vida, es la atención, la contención, es todo”, dijo la flor del CIIC visiblemente emocionada mientras sus compañeros de delegación aplaudían a su alrededor.

Hace cuatro años que Rodolfo y Paula son felices, y esta semana volvieron al lugar adonde se conocieron a pesar de vivir en la misma zona. “No me imaginaba encontrar el amor en el CIIC, y juntos disfrutamos lo más que podemos, el día que solo hay para sopa, tomamos sopa y los trapos se remiendan y seguimos juntos”, dijeron los abuelos, aunque Paula explicó que “el secreto para estar juntos para toda la vida es que cuando uno chilla el otro se calla la boca, en nuestro caso él se va al fondo de la casa y me deja hablando sola”, recordó entre risas.

Antes de tomarse un mate más, y con una sonrisa amplia Rodolfo agregó “la vida siempre compensa. Yo no sé si voy a durar un mes más, un año, diez años, cien años, pero voy tratar de vivir y disfrutar lo que más se pueda, tal es así que me falta muy poco para tener una combi convertida en casa rodante para salir de paseo”, dijo feliz mientras su flor del CIIC asentía con la cabeza y sus compañeros de delegación se reían y festejaban el proyecto de vida de los abuelos.

 

 

Valle Calchaquí D

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