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title: "Leonardo Santos: el agricultor que resiste al lado del nuevo puente"
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  - "Historias de vida"
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# Leonardo Santos: el agricultor que resiste al lado del nuevo puente

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A sus 75 años, lo primero que hace Leonardo Santos al presentarse es definir su identidad: es agricultor, vive en Las Mojarras y su vida entera es el trabajo y el campo. Para los vecinos y amigos de esta zona de Santa María, Catamarca, él es simplemente el "Tío Leo", un apodo que lleva con el cariño de todo su pueblo.

Aunque a lo largo de su vida realizó trabajos temporarios como la zafra tucumana, la tierra siempre lo terminó llamando de vuelta. Es un oficio que heredó de su padre y una pasión que no lo deja descansar; su cabeza está todo el tiempo pensando qué hacer y cómo mejorar la producción de su finca. "Si el año pasado lo hice de una manera, ahora lo podría hacer de otra", comenta, convencido de que la curiosidad y la prueba constante son sus grandes maestras.

El dolor por el futuro y el valor del campo

A Don Leo lo enoja el futuro que les espera a las nuevas generaciones. Le genera una profunda contradicción ver el sacrificio que hizo para que sus hijos estudiaran, solo para que hoy tengan que seguir golpeando puertas y "rogando" por un puestito público.

Su mirada se ensombrece al comparar el presente con su juventud, una época donde el trabajo de la tierra garantizaba el sustento. Él mismo recuerda que a los 9 años ya era "un trabajador viejo". Hoy, se pregunta con angustia de qué van a vivir los jóvenes "cuando nos acabemos nosotros", viendo que la juventud le escapa al campo y que casi no existe apoyo oficial para la actividad agrícola.

Frente a esto, prefiere dar el ejemplo con hechos. Con su propio esfuerzo físico y económico, Don Leo hizo un pozo de agua que funciona con paneles solares, logrando una notable mejora en su producción. "No es tan difícil hacer un pozo, ni tan caro. Si se puede entre dos o tres familias, hay que hacer un trabajo en conjunto", propone como mensaje cooperativo.

Para Santos, la educación formal ha perdido el rumbo si no se acompaña de la cultura del trabajo: "Mis nietos me han dicho: 'Abuelo, si yo no estudio no voy a tener nada'. Y ahora resulta que con el estudio tampoco tienen nada. Se pasan los años y no ganaron nada, no tienen nada... ni sabiduría. Yo, gracias al campo, tengo lo que tengo".

Don Leo siente que los padres actuales deberían transmitir otro mensaje y lamenta que los jóvenes pasen el día perdidos entre el celular y la televisión: "Los padres de ahora les preguntan: 'Hijo, ¿no vas a comer?, Hijo, ¿no te vas a levantar?'. Siento mucha pena por los jóvenes porque son el futuro de nuestro país".

Esa misma desilusión se transforma en bronca cuando habla del Gobierno Nacional. Confiesa que creía en un cambio, pero hoy siente que al país lo están dejando "como a una planta vieja, que la dejan sin raíces y se va a secar". Con tono firme, reflexiona sobre la crisis: "Nuestro país fue rico, poderoso, grande... y los malos gobiernos nos llevan a estar pobres y desesperados. ¿Hay algún político pobre? Los pobres son los trabajadores". Defiende, a cambio, el valor de su tierra: "Nuestras Mojarras, nuestro Fuerte Quemado, nuestro San José y todas las localidades son un paraíso; acá hay gente de respeto y de trabajo".

La alegría del puente y la alerta por la minería

Respecto a las obras en la zona, Don Leo muestra una alegría enorme por el Puente Nuevo. Recuerda con emoción cómo durante muchísimos años los vecinos de Las Mojarras —desde los más niños hasta los ancianos— tuvieron que cruzar el río a pie, sufriendo el barro y el peligro de las crecientes en el verano.

Sin embargo, esa alegría convive con una profunda preocupación. Santos sospecha que la megaobra es también un puente estratégico para la actividad minera, algo que le molesta y le duele en el alma. **"La minería es pan para hoy y hambre para mañana"**, advierte con crudeza. Explica que el empleo que genera es sumamente precario e inestable: "Si yo mando a mi hijo a trabajar, está tres meses, termina una obra y, si tiene suerte, lo contrata otra empresa. Ya son todas contratistas".

Su reclamo va más allá de lo laboral y apunta a la falta de transparencia en el manejo de las regalías: "¿Y dónde está la plata de la minería? Recién ahora se están viendo algunas obras grandes. ¿Y antes qué pasó con ese dinero?". Con indignación, se pregunta qué pasó con los diques proyectados y con tantas promesas de infraestructura que quedaron en la nada mientras los recursos naturales se iban de la región.

Haciendo un paralelismo político con el Gobierno Nacional, confiesa cómo se siente defraudado tras haber votado por un cambio: **"Yo creía en un cambio. Pensé que habían sacado al león del corral, y en realidad lo habían metido con toda la hacienda para que él elija lo mejor"**. Esta situación nacional, sumada al contexto local, golpea directo al bolsillo del productor: el costo de las semillas aumentó muchísimo, haciendo que producir en el campo sea cada vez más caro y difícil.

Innovación a los 75 años

Lejos de quedarse en el pasado, Don Leo implementó  el riego por goteo,la siembra directa y el cultivo en túneles (invernaderos) en su finca. Gracias a esto, este año logró cosechar durante las cuatro estaciones, recuperando la inversión que realizó en el pozo solar y en la represa.

En plena temporada, cuando el agua de riego comunitaria es insuficiente y obliga a muchos agricultores a achicarse, él marca la diferencia. Mediante el sistema de riego por goteo optimizó el recurso vital de la zona, regando sin pérdidas y manteniendo la tierra viva.

Su rutina diaria es el reflejo de esta disciplina. Se levanta a las 5:30 de la mañana —e incluso más temprano en el verano— para ganarle al calor y al vapor de la tierra, que ya le hace mal a la salud. "Me pongo la linterna en la frente y trabajo de madrugada con el caballo", relata. Su producción es completamente sana y orgánica: usa abono natural y combate las plagas con remedios caseros. En la tarea no está solo; cuenta con un peón que lo acompaña y con el apoyo de su esposa, que lo ayuda durante las tardes.

El recuerdo de la zafra y el orgullo de la tierra

La dureza de su infancia quedó marcada por las migraciones familiares hacia los ingenios azucareros. "Nos íbamos toda la familia a la zafra a cosechar la caña a pulmón, con perros y gallinas incluidos. Ya a los 5 años yo colaboraba con mi madre", recuerda sobre una época que terminó cuando llegaron las cosechadoras mecánicas.

El viaje a Tucumán no ofrecića comodidades: "No nos esperaba una casa, nos esperaba un pedazo de terreno lleno de montes. Ahí hacíamos una quincha con plástico y, si queríamos algo más duradero, torteábamos con barro. Se sufría mucho". Incluso el traslado era una odisea; si el camino se rompía, la misma familia debía bajarse a calzar la huella con piedras para que el vehículo pudiera pasar. "No teníamos tiempo de jugar", resume con nostalgia.

A pesar de los sacrificios, su mayor orgullo es ser agricultor. Para él, la mayor satisfacción es "la alegría de poner el pan de cada día en la mesa, saber que mis hijos no salieron a mentir ni a robar, y que digan: 'Mirá lo que compró el papá'".

Al cerrar la charla, Don Leo se toma un momento para recordar a su padre, Ángel Santos, el hombre que le transmitió el amor por el surco. Al preguntarle qué le diría si lo tuviera hoy enfrente, se emociona: "Lo abrazaría, lo besaría y le diría: 'Vos sí que fuiste un padre, vos sí que merecés llamarte papá. Gracias, papá. Gracias por todo lo que me has enseñado; soy todo lo que soy gracias a vos'".

Gracias Don Leonardo Santos por habernos hecho parte de su historia

Es un gran agricultor y debemos reconocerlo.

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