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title: "RAMÓN “KELO” CHAILE: “Hoy sólo nos queda vivir”"
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description: "A sus 79 años, a solo días de cumplir los 80 a fines de agosto, \"Kelo\" se levanta cada mañana para seguir luchando por “amparar” la tierra que cultiva en Famatanca. Desde hace medio siglo trabaja estos suelos que son herencia de su esposa. Una charla íntima sobre la desilusión de un agricultor del valle, la pérdida de los mercados y la resistencia diaria."
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date_published: "2026-08-09T18:06:00-03:00"
date_modified: "2026-08-09T18:26:02-03:00"
tags:
  - "Historias de vida"
author_name: "Redacción"
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# RAMÓN “KELO” CHAILE: “Hoy sólo nos queda vivir”

**Crónica de la entrevista**

Nos sentamos en el zaguán de una casa antigua, ya caída. El adobe cede como los sueños. Estamos sentados en dos sillas pequeñas de cuero. “Yo quiero recuperar esta casa”, dice Ramón.

Cerca de donde conversamos, se seca un poco de comino que no pudo vender. Al lado, reposa una valija antigua y destruida; sin embargo, el olor sigue intacto. Quien sintió alguna vez el aroma del comino del valle, no lo olvida jamás.

Ramón vive en Famatanca, una emblemática tierra de agricultores en Santa María. Es padre de dos hijos y tenía alrededor de 28 años cuando se casó. La finca que trabaja era de su suegro y sabe que en algún momento “se partirá y cada uno se quedará con un poco”. Al igual que en muchas familias de la zona, los herederos se marcharon lejos.

**—¿Cómo fue su juventud y su trabajo en aquellos años?**

—En esos años vivíamos bien, nos alcanzaba —recuerda con una sonrisa llena de nostalgia al mirar cuatro décadas atrás—. Se mandaban camiones a Tucumán; salían dos o tres remesas todas las semanas con verduras: tomate, morrón, chaucha, zanahoria. Yo trabajaba con dos o tres personas más. Y no era solo yo, sino todo el Valle. Pero con el tiempo eso se fue acabando; el mercado cambió. Se nos acortó la venta: primero solo podíamos vender internamente, y ahora ni eso.

Además de la finca, Ramón realizaba trabajos temporales como podador en distintos emprendimientos de la zona, recorriendo bodegas y fincas privadas. Hoy, las formas de producir también son diferentes:

—Hubo un tiempo en que sembrábamos y cosechábamos a la manera de mi abuelo. Pero después vinieron los técnicos y nos dijeron que teníamos que usar abono y químicos. Ahora, si no usamos insecticidas, no cosechamos nada. Antes, con un cuarto de hectárea de zanahorias me alcanzaba para sostener los gastos de todo el verano, dábamos trabajo a varios y yo amaba lo que hacía. La plata caminaba. Hoy ni pimiento se puede hacer.

La realidad económica actual aprieta con fuerza en el día a día: la jubilación “no alcanza para nada”: “Yo llego a pagar las facturas con suerte. Además tengo un problema de salud, una úlcera en mi pie que hace que necesite más dinero, así que crío chanchos y sigo sembrando pasto. Lo que implique menos gasto.

Por eso me encuentro muy desilusionado. El sector productivo a lo que siempre me dedique que es atender una finca, hoy no alcanza para hacer nada".

**—Si tuviera un mensaje para los jóvenes, para aquellos hijos y nietos...**

—Que no se dediquen a esto, porque no hay futuro para ellos. Necesitamos un tractor y no hay; el municipio tiene dos y ninguno funciona. No conozco el trabajo de otras instituciones.

A nivel nacional y provincial siento desilusión de la política. Se “rajan” la boca diciendo que apoyan a los productores, pero en la agricultura, si no tenés otra actividad, solo se invierte y no se recupera nada. Las tierras esperan, la plata no alcanza y el agua tampoco.

Al terminar la charla, se saca fotos, sonríe, es muy amable. Cuenta que estaba protegiendo un algarrobo antiguo que un sobrino le pidió cuidar, pero el fuerte viento de algunos días en el Valle lo volteó y no quedó más remedio que convertirlo en leña. En esa lucha se encuentra.

Al lado, las cebollas que puso crecen hermosas y verdes. Aún hay esperanzas.

Gracias, Ramón Chaile, por habernos compartido su vida de agricultor.

Noelia Ayala

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*Las cebollas de Ramón*

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