La prioridad de la Educación. Historia de vida

Educación 20 de abril de 2021 Por Valle Calchaquí D
Jorge, “vive con su familia en el paraje de Corralito, un pequeño caserío ubicado cerro adentro, arriba de El Pichao. Desde niño vivió la travesía de viajar a lomo de mula o a caballo, otras tantas a pie, para poder estudiar. Desde muy chico cada madrugada de lunes, se adentra junto a su madre, enfermera de profesión, en la fría inmensidad  del cerro El Chuscha. 7 horas a caballo, si todo anda bien, hasta llegar a Ovejería.
becho condori

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"Buenos días profe. Jorge Rodrigo Condorí. ¡Presente! Disculpe la tardanza, usted sabe que tengo que recorrer horas para llegar hasta donde hay internet. Muchas gracias. ¡Siempre presente!"

Así saluda a su profe de Música, quien sin conocerlo personalmente se emociona al escucharlo.

Tras la guerra política de clases presenciales sí… o no, están ellos, los únicos afectados, los que necesitan aprender, los que tienen sueños y metas, los que a pesar de todo, no abandonan.

Éste es el caso de Jorge Rodrigo Condorí Pacheco, un niño que soslaya esas discusiones, a quien lo que le preocupa, es poder llegar a horario a cada clase.

Jorge, “Becho” para sus amigos, vive con su familia en el paraje de Corralito, un pequeño caserío ubicado cerro adentro, arriba de El Pichao, en Colalao del Valle, Tucumán.

Desde niño vivió la travesía de viajar a lomo de mula o a caballo, otras tantas a pie, para poder estudiar. Su vida nunca fue fácil. Desde muy chico cada madrugada de lunes, se adentra junto a su madre, enfermera de profesión, en la fría inmensidad  del cerro El Chuscha. 7 horas a caballo, si todo anda bien, hasta llegar a Ovejería, paraje perteneciente a Santa María, Catamarca. Allí, en la Escuela Nº 458 Teófilo Segundo Alancay cursó toda la primaria. 

La escuela albergue fue su segundo hogar de lunes a viernes durante estos años. Y cada viernes, otra vez la travesía de regresar a su casa para el lunes retornar.

El año pasado egresó de sexto año y debía emigrar a la ciudad de Santa María, para poder asistir a la secundaria. Algo que muchos de su edad en esos inhóspitos lugares no logran hacerlo.

Este año, al mantener la enseñanza de manera virtual, esto le dio la posibilidad de regresar a su rutina, a sus cerros.

Jorge tiene solo 11 años y es uno de los alumnos más cumplidos del 1er año de la Escuela Nº 31 General Manuel Belgrano. Está presente en cada clase virtual, y cumple a rajatabla con las tareas de cada materia. Pero para lograrlo debe realizar toda una travesía.

Cada madrugada de lunes recorre por 7 horas la ladera del Cerro El Chuscha o Nevado del Cajón, a más de 4.500 MSNM, lugar donde nace el Río Santa María, por allí cruzan de una provincia a la otra. Acompaña a su madre, quien se desempeña como enfermera en la Posta Sanitaria de Ovejería, al menos así, están más cerca uno del otro.

Una vez que llegan a la Posta, se traslada hasta la casa de su abuela, distante otras 2 horas y media de Ovejería. Y es que en estos lugares, las distancia como el tiempo, tienen otro “tic toc”.

Durante la semana, vive con su abuela, a las 6 de la mañana toma su caballo “Lobuna”, para llegar a horario a clases. Se dirige hasta la Escuela de Ovejería, donde se conecta a internet, lo que le permite cumplir con su tarea y estar como él mismo lo dice “siempre presente”.

“Becho”, es el menor de 7 hermanos. 5 de ellos se abrieron camino, buscando trabajo en distintos lugares como en San Antonio del Cajón, Cafayate, La Rioja y en el sur argentino, mientras que su otro hermano de 13 años, vive con una tía, en Santa María. 

“Mi caballo se llama Lobuna, mis compañeros de camino son mis perros Deisy y Overito”, dice Jorge, quien con su historia, nos enseña que no hay imposibles, que los obstáculos solo están en uno mismo.

 

“Soy Nacido entre las malvas 

soy hijo de un tal Condorí 

de toditos mis hermanos 

yo soy el más infeliz

 

Somos siete hermanos

Pero ellos son los más calaveras

Yo soy el que le debo 

a cada santo una vela.

 

Pobrecito mi caballo,

junto conmigo padece

atadito en el palo

mascando el freno se amanece

 

Yo no soy de aquí ni de allá

yo soy de la Ovejería

y cuando canta este coya

cualquier enfermo se alivia”.

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Valle Calchaquí D

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