Emociones y catamarqueñidad en la primera luna del Poncho de Oro

Cultura 15/07/2017 Por
La interpretación de la emblemática canción Madre Provinciana por parte de su autor se constituyó en el momento cumbre de la noche de apertura de la edición 47 y en sus cincuentas años de vida de la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho.
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Tal como sucedió allá en 1967, cinco décadas después, Carlos Bazán entregó otra vez su indiscutible voz y cantó sobre el escenario mayor de la principal fiesta de los catamarqueños, confirmando porqué se transformó con el correr del tiempo en una de las figuras ícono del folclore catucho.

En una noche cargada de emoción y sentimientos, en la que el Poncho comenzó a recorrer su Bodas de Oro, el cantautor entregó un repertorio en el que sobresalieron sus grandes éxitos, aquellos en los que describe cada rincón de esta tierra, además de la clásica versión escrita a su amada madre Purita. Quinces primaveras y La Paceña fueron algunas de las interpretaciones que conformaron un compacto repertorio que motivó el cálido y permanente aplauso del público presente.

Tras cinco años de ausencia -su última actuación fue en 2012 junto con el remozado Trío San Javier-, Bazán volvió a sentir el cariño de su gente y recibió su merecido homenaje de manos de la secretaría de Cultura, Jimena Moreno, en reconocimiento a su extensa trayectoria artística que supo cruzar fronteras y que incluyó, además, la creación de innumerables obras musicales que por mucho tiempo interpretan comprovincianos y artistas de todo el país.

La primera fiesta del Poncho lo tuvo representando a su departamento La Paz, integrando el conjunto Los Zorzales Catamarqueños. Cincuenta años después, la voz de Carlos Bazán se transformó en el estandarte de aquellas voces que mantuvieron en alto la identidad cultural de esta provincia y en el punto de partida de una edición especial como lo son las Bodas de Oro.

Otro momento especial de la noche fue la presencia de Julio Palacios, el reconocido aerofonista que aportó un impecable show basado en sus clásicas quenas y flautas. Conocido como la “Quena Mayor de América”, no sólo se circunscribe al folclore como expresión musical, sino que se constituye en un músico multifacético en el que la universalidad del arte y el pluralismo sonoro marcan su vanagloriada trayectoria. Su participación en la Fiesta del Poncho tuvo un costado emotivo para el músico, porque si bien es tucumano por naturaleza su bisabuela Hermelinda es catamarqueña, más precisamente del departamento de Tinogasta. Una noche especial, en la que desplegó su arte, recibiendo el aplauso de los presentes.

El dúo Cantamarca, integrado por Juan Roldán y Carlos Trejo, se constituyó en otra oferta musical catamarqueña que tuvo alto vuelo en la noche de apertura. Esta vez, estuvieron acompañados por la Orquesta del Conservatorio Mario Zambonini en la interpretación de temas como Volver a Ti y Milagro de la Virgen. Por su parte, el destacado aerofonista local Juan Ignacio Molina aportó un show de nivel que se denominó Taku (El Árbol) y que contó con la participación de la Comparsa Calchaquí, el ballet El Malambo y la comparsa circense El Arbolito.

Párrafo aparte en la primera luna fue la siempre destacada participación del Ballet El Gaucho (Los Altos), que demostró un año más porqué se han transformado en una las expresiones artísticas de la danza que mayor preponderancia tienen en Catamarca. Tal como sucedió el año pasado, nuevamente fueron despedidos por un público de pie.

La tanguera Nena Herrera dejó su sello con su clásica propuesta tanguera, mientras que el solista  Eduardo “El Negro”, Sosa cantó composiciones que conjugaron versos de los poetas Aníbal Albornoz Ávila y Luis Franco. Además, se presentó la delegación de Pomán y se efectuó un homenaje a la primera reina del Poncho, coronada en 1967, María Esther Mercado. La distinción fue entregada por la secretaria de Cultura de la provincia Jimena Moreno, en otro momento cargado de sentimiento y emociones que tuvo lugar en la primera noche.

El conjunto Los de Saujíl tuvo también la posibilidad de regresar al escenario mayor del Poncho tras varios años de ausencia. Esta vez, Rodolfo, Rubén, Adrián y Valle Luna fueron los encargados de poner en escena el clásico repertorio de una formación que siempre supo cantarle a Catamarca y, especialmente, a su tierra Saujil. Vidala del Nombrador, Versos Para Saujil y Atizando Fuego fueron algunas de las composiciones propias que expusieron en la primera luna del Poncho de Oro, este de los cincuenta años.

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