María Ester Pastrana, la mujer que se metió en los corazones de los habitantes de La Hoyada

2014 19/11/2014
Si alguien se llega por la localidad serrana de La Hoyada y pregunta ¿Quién es María Ester Pastrana? Al unísono las respuestas serían del tipo-Una mujer que dio todo, una persona que trabajó a la par de los obreros para construir el camino, una mujer que ENSEÑÓ la educación, una mujer con verdaderos valores y principios educativos- y así los calificativos se irán acabando.

Esa mujer, ex directora de la Esc. 345 “Santa Rita de Casia”, estuvo presente en los festejos por los 100 años de la institución vividos el pasado viernes. Prácticamente 20 años después volvió (se jubiló en 1995) para recordar un pedazo de su vida dejada ahí, de la cual jamás se arrepiente y es feliz recordándolo.

Nuestro diálogo con ella, se entabló minutos después de finalizado el acto protocolar, cuando los sentimientos a flor de piel todavía estaban latentes. A la sombra de un sauce llorón, ubicado al frente de la escuela, caminando por una calle de tierra se detiene a hablar todavía con un tono y dedicación de docente.

¿Es consciente de lo que significa usted acá?

-La verdad que trabajé mucho, con tanto entusiasmo siempre y es lo que yo quería. Creo que tengo la gracia de Dios y la Virgen por volver a este lugar y encontrar otra Hoyada. Cuando yo vine era triste ver donde estudiaban los chiquitos, ahora es otra escuela. Por ejemplo la parte de la cancha de fútbol (del Club Deportivo La Hoyada) en ese tiempo no existía.

Dicen que en el paso por este mundo, uno siempre se propone hacer algo que dejará huellas ¿usted se propuso eso?

-Sí, porque al ver a las criaturas, cómo vivían, como estaban, me dije que tenía que hacer algo por ellos. No había albergue sólo unos ranchitos allá (señala unos baldíos cerca de la escuela actual) donde se quedaban los chicos que venían de lejos. Yo les pedí a los padres que los dejaran venir a la escuela de noche. Entonces de noche sacábamos los bancos, poníamos los cueritos y al otro día sacábamos los cueritos y poníamos los bancos y así.

¿Qué le pasaba por su mente en el momento del acto?

-¡Recordaba de todo! Era como si se detuviera el tiempo, a otra época. Era recordar, revivir aquellos momentos. Acá la gente, los colegas fueron muy buenos y colaboradores, porque tuvimos un equipo de trabajo. Creo que esto (señala a la escuela) es el resultado de ese trabajo. Creo que sin la comunidad y un equipo, no habríamos hecho nada porque había que trabajar bastante, mucho, mucho.

Usted vivió muchos años acá ¿tiene algo para reprochar?

-Pasé 20 años y no me arrepiento, nunca me arrepentí, al contrario soy muy feliz de haber pasado los mejores años de mi vida. Dios me permite estar de nuevo acá. Cuando me fui, al tiempo volví y puede observar cómo avanzan. Ya veía otro barrio con casas ya de adobe, piso y techo bien hecho. Ya no eran las “pirquitas” que encontré cuando llegué por primera vez ¡es muy grande ver las casas con televisor y otras comunidades, eso es gratificante.

¿Siente el cariño de la gente?

-¡Si! Siempre digo MI gente, porque pasé parte de mi vida aquí.

¿Recuerda algunas anécdotas?

-Una vez don Edmundo Condorí y don Octavio Cruz nos salvaron de que nos llevara el río. Veníamos con la maestra Rosa y había una lluvia con crecida impresionante. Ellos nos hicieron cruzar cuando prácticamente nos arrastraba el rio. Ellos nos salvaron.
¿Qué mensaje deja a los que se inician en la docencia?

-Que trabajen a la par de la comunidad porque la gente ayuda. Pero también le pido a la comunidad estar a lado del maestro porque ese maestro sale de su casa para buscar el objetivo que es enseñar. A mí me pasó. Uno quiere el lugar, la gente, a los niños, uno termina amando todo. Yo pido que la comunidad esté siempre al lado del maestro para que siga creciendo el pueblo. No hay que olvidar eso.

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