El recuerdo vivo de la ex Central de Ampajango

2013 30 de octubre Por
Cuando el pasado es querido, se transforma en historia viva, y quien ama su pasado puede pintarlo con palabras y hasta llevar imaginariamente a quien le escuche a ese lugar y momento justo. Eso es lo que sucede cuando Mario Horacio Rubén Andersch habla de la empresa donde pasó gran parte de su vida, la Central de Energía Hidroeléctrica de Ampajango, en el Departamento catamarqueño de Santa María.

[caption id="attachment_5796" align="aligncenter" width="800"] Mario Andersch pasó gran parte de su vida trabajando para el servicio de energía eléctrica[/caption]

Cuando el pasado es querido, se transforma en historia viva, y quien ama su pasado puede pintarlo con palabras y hasta llevar imaginariamente a quien le escuche a ese lugar y momento justo. Eso es lo que sucede cuando Mario Horacio Rubén Andersch habla de la empresa donde pasó gran parte de su vida, la Central de Energía Hidroeléctrica de Ampajango, en el Departamento catamarqueño de Santa María.

Si bien hoy el servicio es brindado por la empresa EC SAPEM, pasó por varias situaciones y por ende nombres y directivos. Según cuenta don Mario, la empresa se llamaba Agua y Energía, pero luego se separó y ellos, pasaron transferidos a una nueva organización denominada D.E.Ca., Dirección de Energía de Catamarca. Este cambio fue en el 1989 aproximadamente.

Así se brindaba el servicio de Energía eléctrica hace años en Santa María

 

“El servicio en sí nace en 1965, en esa fecha se la inauguró, pero entró a trabajar unos meses antes en prueba y se inauguró recién en el 65. Yo estuve hasta el año 95 cuando me jubilé como jefe de la Central Ampajango, allá en El Desmonte. Era una central hidroeléctrica, donde se trabajaba con dos alternativas, porque era hidráulica y a motores Diesel. Había máquinas de turbinas que eran las que andaban con agua y las máquinas que andaban a diesel”, detalla.

Sobre cómo se trabajaba en el lugar, don Andersch recuerda, “en Ampajango éramos 24 empleados y en total en el Departamento éramos 45. Había tareas de mantenimiento, mecánicos que se encargaban de arreglar las máquinas, también había personal que hacía los turnos que son los que estaban cada 6 u 8 horas y se relevaban, ellos eran los que atendían las maquinas. Eso era allá en la central y después había gente de redes y personal administrativo. No había personal de otro lado, todos de Santa María nomás. Yo no había nacido acá, pero vivíamos en el Departamento desde hace tiempo”.

Según los datos brindados por el ex empleado, la D.E.Ca. deja de funcionar en el momento que se hace la interconexión con el servicio de energía de la Empresa Minera Bajo la Alumbrera que ya estaba operando, después llegó el momento d la transición a EDECat, que era una empresa privada, esto ya cerca del año 2.000.

Mientras tanto el servicio fue eficiente, se brindaba servicio domiciliario y de alumbrado público, claro que la ciudad en ese entonces era solo un pueblo. “Antes eran kilowatts, ahora se llaman megas, recuerdo que en mi época se generaban más o menos cerca de 3000 kilowatts por día. No recuerdo bien los números pero teníamos un montón de máquinas. En el 95 nos jubilamos más o menos 10 personas, entonces se tomó personal nuevo, algunos de los que estaban quedaron contratados. Y la gente nueva se fue haciendo ahí, en el trabajo”, detalla.

Sobre las anécdotas de esas viejas épocas, don Mario ríe pues sería interminable contar las cosas vividas, pero sin embargo hay cosas que destaca. “Recuerdo que cuando fallaba alguna máquina ahí nomas estábamos todos allá. Cuando eran épocas de crecientes pasábamos los ríos igual, a veces llegábamos a pie, como sea pero ahí estábamos. En la época que yo estaba a cargo teníamos un jeep que nos habían proveído, y en ese íbamos y veníamos. Con el jeep nos dábamos maña, pasábamos el río aunque sea empujándolo, pero cuando la creciente de los ríos era muy grande, nos arriesgábamos a pie. A veces también íbamos en el ómnibus de don Rasgido que iba Belén. Él nos llevaba, pero si se rompía el ómnibus íbamos a pie nomás”, recuerda con añoranza.

Hoy esa central, ese lugar que alguna vez estuvo lleno de vida está abandonado, saqueado, solo herrumbre y silencio es lo que queda. Por eso, fue inevitable la emoción, a su edad, don Mario llora de impotencia y expresa, “cuando sé lo que pasó con la Central solo siento tristeza. Eso nunca tendría que haberse abandonado, nunca. ¡Abandonar la central! Se han robado todo, nunca tendría que haber pasado, yo nunca tendría que haberme ido”, lamenta.

“Yo no volví nunca más desde que me jubilé, uno se ha hecho ahí, fueron 30 años de mi vida y me emociona mucho. En la época que uno anduvo era otra cosa, yo entré a trabajar cuando tenía 29 años aproximadamente, 30 años estuve ahí, toda una vida por eso me emociono. Y lo que más recuerdo es el compañerismo. Hemos sido muy compañeros. Cuando la empresa se llamaba Agua y Energía el jefe de la Central era don Máximo Oscar Nieto, después él se retiró y quedé yo de jefe, y después, cuando yo me jubilé lo contrataron de nuevo a Nieto hasta que después se jubiló del todo en el 94. La verdad fuimos todos muy compañeros, han sido mis amigos hasta la fecha y los que quedamos todavía seguimos siendo amigos”, recuerda.

Más allá de la historia

Según recuerda don Mario, la historia comienza muchos años atrás. “Mi padre Oscar Elmer Abdón Andersch fue el primer jefe que hubo en Santa María de Agua y Energía. Él vino a Santa María trasladado, nosotros estuvimos primero en Andalgalá, después en Alberdi también en Agua y Energía y de ahí de Alberdi lo trasladaron para acá”.

La primera usina fue donde hoy es el mercado municipal, en la esquina de las calles Mitre y Sarmiento. Ahí había una piecita con un pequeño motor que generaba energía. Este motor, pertenecía a don Pedro Herrero, era una caldera, cuando vino Agua y Energía, ellos le compraron esta máquina a Herrero y así comenzó a generar energía.

Después, con miras a crecer, se hizo un salón donde actualmente están las oficinas de al EC Sapem. Ahí se hizo un salón donde empezaron a poner máquinas, había unas 5 máquinas pero después empezó a poblarse más la ciudad y fueron pocas, entonces se creó la central en Ampajango.

Ampajango, la Central

 

La Central nace en Ampajango con la necesidad de la empresa de crecer acorde crecía la ciudad. El lugar, elegido para realizar la obra que se suponía sería la definitiva, fue la localidad de Ampajango, un pequeño paraje perteneciente a la localidad de El Desmonte ubicado al sur del Departamento, a la vera de la Ruta Nacional N°40.

“Cuando se decide hacer la obra, se la llevan ahí porque creían en esa época, que para andar iba a ser suficiente la energía hidráulica. El funcionamiento era así, tomaban el agua del Río Ampajango, se hicieron represas para almacenar el agua río arriba. Desde ahí el agua venía por cañerías hasta la central. Este recorrido ponía en marcha la maquinaria, daba energía y el agua pasaba para riego y para agua potable. Pero eso con el tiempo duraba cada vez menos. Nos duraba dos días más o menos, el agua se daba para el regadío para la gente de Ampajango, para agua potable y ya no alcanzaba.

En principio se creyó que eran suficientes las turbinas, eran 2 turbinas chicas, pero la energía empezó a faltar, agregaron un motor, falto más, agregaron otro y así al último teníamos como 10 máquinas diesel.

Este sistema era carísimo, porque el flete para llevar el combustible desde Santa María nomás para allá se encarecía casi 1 peso por litro y se consumían casi 8.000 litros diarios de diesel. Después ya se hizo todo diesel, lamentablemente las turbinas andaban cuando nosotros estábamos, pero después entró otra gente y no anduvieron más, nosotros éramos los únicos que entendíamos el sistema”, recuerda.

Hoy el tendido, sigue siendo el levantado en los 60’

 

Según recuerda don Mario, la línea de media tensión central que va por la banda este, o sea por el centro de la ciudad, se realizó en los años 60, cuando su padre estaba a cargo de la vieja Agua y Energía. Esto demuestra lo obsoleto del sistema y hasta lleva a comprender la situación energética que sufrió durante años la ciudad.

“Después se hizo la otra línea para aliviarla un poco a esta línea porque tenía mucho consumo. Esta segunda se hizo por la banda oeste, pero también ya quedó obsoleta. Son líneas que tienen muy muchos años, por eso se cortan por cualquier cosa. Porque cualquier metal se toma su desgaste con el uso y eso es lo que pasa.

Ahora se ve la urgencia de hacer la línea, el otro gobierno fracasó rotundamente con esa línea, si la hubiesen hecho sería una solución para Santa María. Sabemos que Santa María ha crecido muchísimo, y hay también un montón de casas que se están haciendo, aparte hoy el avance de la tecnología es determinante, uno cada vez tiene más artefactos eléctricos, cada vez dependemos más del servicio”, concluyó.

Así se refleja toda una vida de sacrificio y entrega, de amor por la profesión, de recuerdos que merecen ser traídos a la memoria, porque ejemplifican y nos hacen corroborar que no todo está perdido. Don Mario Andersch no olvida, sino que por el contrario, revive ese pasado con todo orgullo, y lo compartimos en su homenaje y de todos los trabajadores que formaron parte de esta historia.

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